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La cocina energética

Descubre los secretos de la cocina macrobiótica, y cómo usarla para sentirte en equilibrio

Al vivir en sociedad, cada día nos exponemos a estímulos, noticias y sucesos externos que nos afectan en mayor o menor medida.
La relación que mantenemos con nuestro entorno, las amistades, la música que escuchamos o el tipo de alimentos que consumimos nos nutren con distintas energías que se integran en nosotros.
No solamente es la comida la que nos hace sentirnos fuertes o débiles, sino que todo en conjunto nos afecta de distinta manera, produciendo más o menos vitalidad y entusiasmo, diferente nivel de energía o incluso con armonía y paz interior.

El yin y el yang

Tradicionalmente en la cultura oriental se habla de dos energías: yin y yang. La primera es una energía de apertura, de expansión con una vibración rápida. Mientras que la energía yang es una energía más densa, de contracción y de vibración lenta.
Estas dos energías están presentes en todo y afectan a nuestros tres cuerpos, el físico, el mental y el emocional relacionándolos entre sí.
Por supuesto, lo que comemos y bebemos en forma de alimentos, nos afecta de distinta manera según sea la energía que nos transmite. ¿Verdad que no nos sentimos igual al tomar un zumo de naranja que al tomar un café o una bebida alcohólica?
Aunque estos son los ejemplos más extremos con un efecto casi inmediato, es lógico pensar que puede suceder algo parecido con los diferentes tipos de alimentos.


Armonía que nace en la cocina

A través de la cocina energética se busca un mayor equilibrio y armonía. Mediante una adecuada elección y combinación de alimentos y a través de un método de cocción acertado.
Huir de alimentos con una energía extrema yin o yang será la clave para encontrar ese equilibrio que deseamos.
Por un lado, tenemos los alimentos más estimulantes, el alcohol, el café, el azúcar… las verduras solanáceas o las frutas tropicales con un efecto de vibración y energía rápida, son alimentos con energía extrema yin.
Y en el lado opuesto, encontramos los condimentos más salados, los quesos secos, horneados, las carnes y las grasas saturadas, que poseen energía extrema yang.
Para buscar un equilibrio energético no deberían faltar en nuestro plato cereales integrales, legumbres, mucha verdura, alimentos fermentados y proteínas vegetales. Su efecto energético es más moderado y por eso nos ayudarán a estar en armonía.
Junto al tipo de alimentos, el estilo de cocción también puede ser determinante en la energía que nos transmiten. Una fritura o un horneado largo tendrán un efecto más denso que un escaldado o una cocción al vapor.
Pero lo más importante de todo, no será solamente lo que comemos sino ser capaces de identificar cómo nos encontramos y cómo nos hace sentir aquello que consumimos. La escucha interna, nuestro temperamento y forma de ser, el clima en el que vivimos y nuestro estado de ánimo, nos llevarán a consumir unos alimentos u otros para ayudarnos a conseguir ese equilibrio y paz a todos los niveles.

 

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