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¿Cómo funciona la memoria?

Si pensamos en nuestro cuerpo como una gran orquesta, el cerebro sería el director, el que lleva la batuta y el que coordina nuestros movimientos de forma armoniosa… y todo sin que seamos conscientes de ello. Sobre todo, cuando dormimos, el cerebro se dedica a seleccionar, almacenar y etiquetar información de lo que hemos visto, sentido y aprendido durante el día, generando una especie de archivo. Esa es la memoria. Y en su interior se guardan los recuerdos.

Curiosamente, el número preferido de la memoria es el tres. ¿Por qué? Porque existen tres sistemas de memoria y tres etapas a la hora de grabar momentos en el cerebro.

Los tres sistemas de memoria son:

  • La memoria declarativa. Administra el conocimiento cultural que absorbemos gracias a las palabras y los recuerdos personales.
  • La memoria procedimental. Mediante repeticiones y creando una rutina, el cerebro se apunta patrones que identifica y usará en el futuro, desde gestos que vemos en los demás hasta los nuestros.
  • La memoria emocional. Relaciona las vivencias con sensaciones, de ahí que un recuerdo siempre esté asociado a una emoción, y de ahí, a su vez, que la música nos traslade rápidamente a un recuerdo.

Asimismo, la memoria trabaja en tres etapas. ¡Ya hemos dicho que el tres es un número mágico!

  • Memoria sensorial. La que ayuda al cerebro a retener información en milésimas de segundo, estableciendo juicios de valor de manera fugaz e imperceptible.
  • Memoria inmediata. Con ella recopilamos una media de siete informaciones distintas ¡en tan solo dos minutos!
  • Memoria a largo plazo. Esta correspondería al archivo que hemos comentario en líneas superiores.

La memoria trabaja así: primero a través de lo que percibimos, luego con lo que grabamos a primera instancia y, al final, el recuerdo propiamente dicho. Se dice que la mejor etapa de la memoria transcurre entre los 15 y los 30 años, pues es cuando las capacidades de atención y concentración están en su máxima capacidad, pero eso no significa que no podamos seguir aprendiendo cosas nuevas en la madurez. De hecho, es fundamental mantener el cerebro ejercitado con pasatiempos y acertijos. Está demostrado que tienen grandes beneficios para la mente, a nivel lúdico y cognitivo. Como se suele decir: Mens sana in corpore sano!

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